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En el siguiente texto se plantea la cuestión del cambio familiar, sus rasgos, características definitorias, y sus consecuencias en la sociedad española. Además hace referencia a la gran diversidad familiar y a la gran riqueza en cuanto a senos familiares que no son los clásicos.
Causas más relevantes que han contribuido, en los últimos años, al cambio en las familias.
Bebés fuera del matrimonio, segundas parejas, madres solas, padres homosexuales, hijos de laboratorio o adoptados en la otra punta del mundo… nuevos modelos conviven orgullosos con la familia clásica. Mientras algunos creen que viven su hora más difícil, sociólogos y demógrafos hablan del momento más rico y diverso de la institución mejor valorada en España.
En las sociedades modernas industriales, el modelo de familia que se entiende como normal es el de familia articulada entorno a los cónyuges y s los hijos y a los vínculos derivados de esas relaciones, la llamada familia nuclear conyugal.
Hoy en la postmodernidad vemos como la realidad familiar está sufriendo unas transformaciones y unos cambios en las pautas de actuación: social, cultural, económica y legalmente. Así la familia se concibe como una manifestación social de múltiples caras.
Todo cambio familiar se enmarca en el entramado complejo de los procesos de cambio y transformación de las sociedades y ninguna forma familiar es mejor por mayoritaria o peor que otra pasada, presente o futura.
Se observa un paisaje familiar diferente en las formas pero sobre todo en las condiciones objetivas y subjetivas en la que las personas construyen sus vidas y sus proyectos familiares. Las personas tienen márgenes de libertad más amplios y mayores posibilidades de elección. Además, vivimos en sociedades en las que se ha extendido y acentuado el desprendimiento de las personas de los vínculos normativos e institucionales a favor de la autonomía del individuo.
Según algunos sociólogos, el proceso de individualización se ha activado en la primera modernidad (mayo del 68) y se ha alcanzado su mayor dimensión las sociedades de la segunda modernidad.
Las nuevas condiciones de producción que exigían la separación entre el hogar y el trabajo, lo público y lo privado, toman como base las diferencias estatales de género. Con el desarrollo económico y la modernización aumentan las expectativas de bienestar, y con ello los individuos tienen una mayor preocupación por la felicidad y la satisfacción personal y por la calidad de sus relaciones personales. La idea de igualdad entre los sexos penetra en sectores cada vez más amplios de la población.
Se intensifica el rechazo a las normas prescritas por la sociedad, sean de comportamiento personal, religioso o político, y los cambios en actitudes y valores que acompañan estos procesos van hallando refrendo en nuevas leyes.
El impacto de todo ello apunta el incremento de la autonomía y la libertad personal, la autogestión de oportunidades y elecciones vitales, la posibilidad de construir la propia biografía y la oportunidad de la igualdad entre géneros.
En éste proceso evolutivo la vida familiar va transitando hacia nuevos significados:
- La desinstitucionalización de la familia, es el establecimiento de vínculos afectivos y sexuales, de formas de vida, de convivencia, en función de intereses, preferencias y voluntades individuales. Los roles y labores prescritas socialmente cambian, generando una familia deseada y procurada, hecha viable desde la querencia y la tolerancia (y no solo una familia insegura como afirman algunos sociólogos).
- La multiplicación de itinerarios familiares. Ya no hay destinos decididos de antemano, hay entradas y salidas, reincidencias, tránsitos. Una persona puede pasar del noviazgo a la cohabitación, separarse, divorciarse, volver al noviazgo… El amor se ha vuelto más importante, se aspira más a la felicidad, se tiene expectativas más elevadas, se cruzan antes los umbrales de la inconformidad.
- La disociación interna. Las familias no se presentan socialmente como unidades de destino común, sino como comunidades afectivas, el las que si que un proyecto común y todo es revisable. Beck (2001) afirma que hacer viable el proyecto de vida con el deseo y la promesa del amor, es el reto al que se enfrenta la familia del futuro.
Una de las dimensiones del cambio más decisivas para su activación será el efecto legal. Los cambios en las leyes de las familias y el matrimonio propiciados en la transición política han sido determinantes en las últimas décadas. Desde el reconocimiento de la familia en general, de la igualdad de género, hasta el divorcio o los derechos de los hijos y sobre ellos. Y más recientemente los derechos de las parejas de hecho.
Cómo está variando el panorama demográfico:
- Envejecimiento de la población. Con la mejora en las condiciones de vida de las personas mayores se vive más tiempo y se permite una duración mayor en la coexistencia entre generaciones. Hay más personas dependientes, más personas viviendo solas, menos hijos en general y más hijas activas laboralmente. Envejecer en la familia va a ser difícil en un futuro cercano. La mujer es protagonista en estas redes familiares. Si no se abordan políticas que doten de recursos económicos y asistenciales que faciliten el cuidado de las personas en general se acabará debilitando la solidaridad de las redes familiares por agotamiento.
- Cambio en las pautas reproductivas, las mujeres controlan más su fecundidad y retrasan el momento de ser madres.
- Cambios en el comportamiento de la parejas, desciende progresivamente el número de matrimonios y nos casamos más tarde. En el tema de cohabitación, se ensaya la convivencia antes del matrimonio. Aumentan las separaciones o divorcios.
- Diversidad en la composición y estructura familiar, actualmente conviven menos de tres miembros por hogar y han aumentado los hogares unipersonales, las parejas sin hijos y se han reducido los hogares donde conviven varias generaciones, así como han aumentado los hogares monoparentales (divorciadas/os, viudas/os, solteras/os)
Estos procesos en la dinámica interna de las familias se conciben como que no hay una unidad de biografías sino biografías completas que coordinar y conciliar. No hay un proyecto definido, sino un proyecto producido y negociado en la propia relación. Nos enfrentamos a la paradoja del compromiso: más débil y más fuerte.
En una sociedad en la que el amor, los afectos se vuelven tan importantes, también se hace difícil su gestión y se convierte en incierto su futuro.
Se tienen menos hijos y se desean más, y las exigencias con respecto a los hijos son más elevadas. Se están debilitando los modelos autoritarios, se es más tolerante en la educación de los hijos. Una dirección que está provocando una crisis del modelo educativo, con dificultades para poner límites a los hijos.
En definitiva, el futuro de las relaciones familiares va a depender de las posibilidades que tengan las personas para amar y darse en las relaciones de pareja, con los hijos, con autenticidad, con libertad y en coordenadas de igualdad. Las posibilidades de elegir, de gestionar las propias vidas tienen su freno en las condiciones impuestas por los complejos entramados institucionales.
Si la familia es importante, reclama tomar conciencia de una acción política, que fortalezca su papel social, también es importante su valor ético.
¿A quién le importa con quién me case?
Nueva York y California acaban de dar vía libre al matrimonio homosexual. Estamos ante un movimiento que política y legalmente es imparable en los países democráticos. Holanda y España fueron pioneras
Los conservadores disfrazan ahora sus argumentos homófobos con triquiñuelas legales
La orientación sexual de las personas debería dejar de ser un dato relevante legalmente
En realidad, el fallo de California era esperable. Una cosa es que no existan leyes que reconozcan ciertos derechos, puesto que éstos son históricos y producto de largas batallas, y otra muy distinta que sea factible restringir legalmente el acceso a esos derechos, es decir, excluir explícitamente de su disfrute a un grupo de ciudadanos/as y hacerlo, además, en base a una conducta o a una orientación personal perfectamente legal y legítima, considerada igual a otra. Hoy día, ninguna constitución que tenga como uno de sus fundamentos el principio de igualdad puede dar cabida a ese tipo de exclusiones. Por eso la batalla por el reconocimiento de la igualdad legal de los homosexuales, esto es, por el acceso a las leyes matrimoniales (única legislación que en los países occidentales aún consagra la discriminación respecto a este amplio colectivo) está ganada, incluso aunque la victoria no haya sido aún formalizada en la mayoría de los países. No es más que cuestión de tiempo. A la luz del moderno concepto de igualdad no cabe otra cosa.
Los contrarios a la igualdad esgrimen a menudo argumentos jurídicos, pero es evidente que lo que esconde su oposición son argumentos morales: no creen que la homosexualidad tenga la misma legitimidad moral que la heterosexualidad. No nos equivoquemos, ésta nunca ha sido una batalla exclusivamente a favor o en contra del matrimonio entre personas del mismo sexo, sino entre dos modelos de sociedad.
Las luchas económicas y políticas del siglo XX han llevado a la izquierda a defender un modelo de ciudadanía que valora extraordinariamente la libertad individual pero que considera, al mismo tiempo, que esta libertad no puede quedar confinada al ámbito privado sino que tiene consecuencias políticas y sociales. Por el contrario, el modelo liberal-conservador insiste en que esa libertad debe quedar en el ámbito privado, quedando el ámbito público reducido a la expresión de los valores tradicionales.
Fue el movimiento feminista el que contribuyó decisivamente a redefinir los conceptos de lo privado y lo público y, apoyándose en esa redefinición, lesbianas y gays comenzaron a pelear judicial o legislativamente por la igualdad, por la equivalencia, en realidad, de homosexualidad y heterosexualidad tanto en el ámbito privado como en el público.
Si bien la lucha por el derecho a existir en igualdad es antigua, la reivindicación del matrimonio como expresión de esa igualdad es relativamente reciente, y por eso los países que han dado ese paso lo han dado ya en el siglo XXI: Holanda en el año 2001, Bélgica en 2003, Massachusetts en 2004, Canadá en 2005 y España y Suráfrica en 2006 componen ésta aún exigua lista. El resto de países occidentales que cuentan con algún reconocimiento legal para las parejas homosexuales lo hace mediante la figura de la ley de parejas. Los países que comenzaron antes, como los países nórdicos, tienen leyes de parejas que reconocen los mismos o muy parecidos derechos que el matrimonio, mientras que los demás tienen leyes que recogen sólo algunos derechos. Los primeros son un grupo de países que no reconocieron el matrimonio porque cuando aprobaron sus leyes, hace dos décadas, ni el propio movimiento homosexual demandaba la igualdad plena. Se trata de países con una fuerte tradición de combate de las discriminaciones desde el propio Estado; países donde, en general, la homofobia es combatida activamente desde las instituciones y las leyes. Esto ha podido contribuir a que la discriminación que supone el no tener acceso al matrimonio sea menos llamativa puesto que la igualdad es efectiva y está protegida en casi todos los ámbitos. Es el caso de Dinamarca (1989), Noruega (1993), Suecia (1995), Islandia (1996), Alemania (2001), Finlandia (2002), Reino Unido (2005), Nueva Zelanda (2005) y Suiza (2007). En todo caso, el reciente ejemplo dado por España ha hecho que algunos de estos países, como Suecia o Dinamarca, se estén planteando cambiar sus leyes de pareja por leyes de matrimonio.
Finalmente, el tercer grupo, los países, provincias o estados con leyes de parejas parciales, esto es, que recogen sólo algunos de los derechos del matrimonio, son los más numerosos. En Estados Unidos, Columbia (1992), Hawai (1997) y Maine (2004). En Israel (1994). En Europa, Hungría (1996) Francia (1999), Portugal (2001), Austria (2003), Croacia (2003), Luxemburgo (2004), Andorra (2005), República Checa (2006) y Eslovenia (2006). En Latinoamérica, Argentina (en Buenos Aires, 2003), México (en dos estados, Coahuila, 2007, y Distrito Federal, 2007), Colombia (2007-2008) y Uruguay (2008). Y en Australia, el Territorio de la Capital (1994), Queensland (1999, 2002), Victoria (2001), Nueva Gales del Sur (2002), Australia Occidental (2002), Territorio del Norte (2004), Isla de Norfolk (2006) y Australia del Sur (2007). Los movimientos de gays y lesbianas de estos países entienden que la ley de parejas es de menor rango que el matrimonio y en todos ellos sostienen que la batalla social y legal continuará hasta que se produzca la igualdad completa.
El debate que ha precedido a la aprobación de los derechos de las personas homosexuales ha sido el mismo en todas partes. Los conservadores más inteligentes intentan confundir a la opinión pública manifestando que es lo mismo una ley de parejas que reconozca todos los derechos que el matrimonio. La pregunta que cabría hacerse es: si es lo mismo, ¿por qué no es la misma ley?
Claro: es que no es lo mismo, ni para ellos ni para nosotros; y esto es así incluso en el caso de que se trate de una ley de parejas que reconozca exactamente los mismos derechos. Los movimientos de gays y lesbianas siempre han afirmado que esta batalla no era una cuestión de derechos en sentido estricto. Los derechos son importantes, cambian radicalmente la vida de la gente, pero nuestro objetivo iba más allá del hecho de conseguir derechos positivos, era una batalla por la igualdad y, sobre todo, por la dignidad. Somos un colectivo de personas a las que se ha privado de su dignidad durante demasiado tiempo.
No se debe confundir derechos con igualdad ni derechos con legitimidad. Se pueden tener derechos, incluso todos, y seguir siendo desigual. Es tan fácil como ponerle a los derechos de lesbianas y gays un nombre diferente al de aquel que se aplica a los heterosexuales para que las relaciones y las familias homosexuales sigan ocupando un lugar inferior al que ocupan las relaciones y las familias heterosexuales. Algo que no fuera matrimonio (aun con los mismos derechos) hubiera sido incluso más pernicioso que nada, porque hubiera venido a reforzar el mito de que la heterosexualidad es superior a la homosexualidad y que, por tanto, la sociedad la prefiere. Sólo una ley de matrimonio legitima la homosexualidad como igual que la heterosexualidad, merecedora de la misma protección por parte del Estado.
Pero el cambio legislativo, con ser importante, no es lo único que hará desaparecer la discriminación contra la población homosexual. Es necesario un profundo cambio cultural. Un cambio cultural que arrase con una cultura homófoba milenaria. Y ese cambio cultural sólo puede producirse si el Estado otorga las mismas cualidades a la homosexualidad y a la heterosexualidad. Y eso no se logra con leyes diferentes, sino haciendo que la orientación sexual de las personas deje de ser un dato legal relevante para pasar a ser un dato más de la identidad personal.
En eso estamos las personas lesbianas y gays. Porque mientras exista homofobia en cualquier lugar del mundo, no estaremos plenamente a salvo.
Beatriz Gimeno, ex presidenta de la Federación Estatal de Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales (FELGTB), es escritora.
Igualdad de derechos para todos. Creemos una sociedad, en la que cada cual tenga la posibilidad de construir su propia biografía
Maestros creativos se unen en red
Un congreso de innovación educativa expone iniciativas punteras de las aulas
“El pan, ¿sabéis cómo se fabrica??. El profesor que sigue el modelo didáctico de la Red IRES no plantea soluciones sino problemas de investigación que el alumno ha de resolver tirando de matemáticas, química, lengua o historia. Pepe Martín, portavoz de IRES, lo cuenta en la sesión sobre Proyectos innovadores en centros, una de las 15 del I congreso de redes de innovación educativa celebrado este fin de semana en Madrid.
Son 251 asistentes y 84 colectivos que llevaban cerca de un año en el portal de Internet Innova (113 redes, casi 3.000 documentos, 2.700 usuarios registrados, una media de 1.145 visitantes y 8.177 páginas al día). Y que ahora pueden verse las caras, intercambiar experiencias y explicar su modelo de escuela. El que propugna el programa Filosofía para niños, presente en la misma mesa, se aleja de modelos tradicionales: los alumnos se sientan en círculo en torno al maestro, que se llama facilitador, y descubren mediante cuentos y novelas adaptadas a cada edad.
Si las exposiciones iniciales constatan que es posible enseñar y aprender de otra manera, el debate posterior pone en evidencia las dificultades. “Falta formación del profesorado”, lanzan un par de maestros, “y la que hay no se ajusta a la realidad del aula”, salta otro, “y no todos los profesores quieren cambiar”, apunta un tercero. “A veces nuestros proyectos chocan contra estructuras organizativas e inercias que datan del siglo XIX”, recuerda Angels Martínez, del Movimiento de Renovación Pedagógica País Valenciano, verbalizando una sensación que parece extendida: la de estar dándose de cabeza contra un muro. “Explicas tus ideas en un centro que tiene el mismo equipo directivo desde hace 18 años, y te contestan: ‘Si todos están contentos, ¿para qué cambiar?”, tercia Martín.
Alumnos que investigan
El tercer proyecto que se comparte en esta sesión del sábado se llama Aprendizaje significativo y pone, una vez más, el acento en alumnos activos que investigan, con la guía de su profesor. Se aplica en algunos centros de Islas Baleares y Canarias, y lo presenta María del Cristo Alonso, del Gobierno canario: “¿Por qué un chaval de 15 o 16 años va a rechazar aprender? Eso es absurdo. Quizás lo que rechace sea la propuesta para aprender que le ofrecen”, afirma, crítica. Y una mano que se levanta: “Tengo chicos de segundo de ESO que no abren la libreta, que no quieren estar en el sistema. Tengo compañeros con clases de 33 alumnos de los que una parte no habla español y otra procede de familias desestructuradas. Bastante tiene con mantener el orden. ¿Cómo se puede innovar así?”.
“La Administración debería ser más flexible y permitir a los centros que lo deseen que se organicen de manera diferente”, contesta una voz. “También hay que formar a las familias”, introduce un nuevo frente María Luisa, de Comunidades de Aprendizaje, que concibe el centro educativo como un espacio abierto a su entorno, del que toma y al que da. Sostiene eso de que “para educar hace falta toda una tribu”, que es una de las coletillas del congreso. Otra se refiere al deseo de cambio. Y otra más a la vocación de “transformación de la sociedad”.
Son redes heterogéneas, más o menos críticas con el sistema, más o menos consumidoras de Tecnología de la Información y la Comunicación (TIC). Para la coeducación, contra la homofobia, de escuelas democráticas, de profesores de religión, sostenibles, rurales, de bibliotecas escolares. Movimientos de renovación pedagógica junto al programa Ciudadanía Global de una ONG como Intermon Oxfam…
Ha sido una puesta en común presencial que acaba con dudas sobre los objetivos, fines y contenidos de Innova en adelante. Sus promotores piensan en promocionar el portal por comunidades autónomas y en abrirlo a Latinoamérica. Concluyen que el primer paso está dado. Y que hay que seguir trabajando.


Me parece muy intesesante el blog que has creado, pienso utilizarlo en mi actividad profesional.
| Publicado 1 year, 6 months agoTotalment d´acord amb el que diu Elena.
| Publicado 1 year, 6 months ago